
No pretendas que se adhiera si tiene más mierda que el palo de un gallinero.
Y aún así… pasa.
Cada semana.
Alguien aplica la cinta.
La presiona.
La mira con orgullo.
Y al rato:
Se despega como si tuviera agenda propia.
¿Motivo?
La superficie estaba cubierta de polvo, grasa, humedad, restos, huellas, gremlims, critters, orcos…
La cinta no se pega a la superficie.
Se pega a todo lo que no debería estar ahí.
Dato técnico:
Una capa de polvo de 5 micras —invisible al ojo humano— puede reducir la adhesión en un 70%.
Sí, ese 70% que luego acaba en el suelo.
¿Y lo peor?
La culpa casi nunca va al aplicador.
Siempre es «la cinta que no pega».
Spoiler: la cinta no es bruja, ni hace milagros. La cinta necesita contacto íntimo,
pero íntimo de verdad (de los que invitan a conocer a los padres).
Así que, antes de aplicar:
Limpia hombre, por el amor de Diós.
Con alcohol isopropílico, si puede ser.
Y déjalo secar.
Porque si no hay limpieza, no hay adhesión.
Y si no hay adhesión…
pues eso..
Que limpies
